El descubrimiento sondaje de América

La expresión “descubrimiento de América” ha sido completamente derrotada. Su destitución ha sido un consenso implícito en gran parte de las naciones del continente americano, y se ha visto reflejado rotundamente -dicho consenso- en la producción de textos escolares y publicaciones académicas. Muchos celebran la tachadura del “descubrimiento” como el triunfo de las críticas y debates que se han producido desde mediados del siglo XX, y que sigue siendo una bandera de lucha entre pensadores que adhieren a los procesos de descolonización. Gorman, León Portilla, Phelan, Feres Jr., Dussel, Todorov, Mignolo, Espino López, y una lista mucho más extensa de autores alineados no sólo con el examen de la errática nominación, sino que, además, con la idea misma de América como programa práctico de una operación eurocéntrica.

Claramente, la expansión del sistema mundo económico y civilizatorio europeo conllevó, al mismo tiempo que un proceso de articulación transatlántica, una triste y trágica experiencia de usurpación y genocidio; otros le llamarán más precisamente: hecatombe.

Pero, me pregunto si al descartar la idea de “descubrimiento”, más que reivindicar la existencia de los pueblos preexistentes a la llegada de los conquistadores y resaltar la crudeza de su aniquilamiento, no ha hecho más bien que objetivar en la temporalidad estática de un “pasado colonial” la voluntad de desposesión permanente.

Ayer, en una jornada de trabajo, un querido colega traía a colación la pregunta que hacía Stuart Hall sobre el tiempo de lo poscolonial. Irónica o no, la pregunta es devastadora.

América nunca ha dejado de ser descubierta. La explotación de sus recursos exigía, y exige, la exploración sistemática de los territorios.

Ya no se habla de “descubrimiento”. Hemos tachado esa palabra para ubicarla, cual curadores de museo, en la estantería etnográfica del “pasado colonial”.

Sin embargo, hoy, en el mundo contemporáneo, desde donde miramos ese pasado vetusto y horripilante, se realizan “sondeos”. Sondear proviene del latín subundare, que significa “explorar”, y es un verbo muy utilizado en el campo de la geología, específicamente en los estudios geotécnicos para referirse a la indagación del subsuelo. Ciertamente, los resultados de dicha exploración proporcionan información relevante para la planificación de obras, determinación de riesgos geológicos o para la investigación científica; pero, fundamentalmente, los sondeos en tanto técnica de exploración constituyen un momento “clave” para determinar la posibilidad y alcance de la mega industria extractivista: captaciones de aguas, hidrocarburos, recursos mineros, marítimos, etc.

El “sondaje de América” consiste en someter a los territorios a sistemáticos procesos tecnológicos a escala industrial, para la determinación de profundidades, distribuciones espaciales, técnicas de reconocimiento, números y tipos de muestras, y una serie de procesos para “descubrir” (mediante perforaciones y extracciones), los reservorios que justifiquen la inversión (y ganancia) necesaria para la extracción de recursos naturales, y su reducción financiera por las corporaciones transnacionales.

Podrá hablarse de un pasado de conquistadores españoles, ingleses, franceses, u holandeses, que desembarcaron en tierras lejanas con títulos de derechos divinos y reales; y luego de colonos o terratenientes provenientes de países “civilizados” o descendientes de estos, asentados en tierras usurpadas por la fuerza contractual de la propiedad privada inaugurada por los emergentes Estado-nación de América Latina.

Pero más allá del lobby teórico-empresarial-contemporáneo sobre la exclusividad de las disputas teológicas y construcciones afines sobre la justificación de asentamientos, desplazamientos y reducciones de la población nativa, el descubrimiento fue -primeramente- una relación geoeconómica sobre rutas transatlánticas, tierras, recursos y sus potenciales utilidades para la formación del nuevo sistema mundo moderno-colonial. Y en tanto inyección de mercancías a la economía mundial (provenientes de la usurpación y sus atrocidades), se sigue la continuidad de una voluntad conquistadora y colonizadora hasta el presente.

Propongo, para cerrar esta breve reflexión, repensar la noción de “descubrimiento” (y su actualización como “sondaje”), a la luz de otras conceptualizaciones insoportablemente descriptivas:

Industria minera

      • Perforación diamantina
      • Perforación sónica
      • Sondaje de aire reverso
      • Perforación hidráulica
      • Muestreo de labores mineras

Extracción marítima

      • Sondaje de exploración
      • Sondaje de producción
      • Sondaje de inyección
      • Sondaje de monitoreo

Extracción de hidrocarburos:

      • Adquisición sísmica (con ondas sonoras)
      • Perforación direccional (perforación en ángulos)
      • Perforación de pozos, entubación y cementación (Running casing-cementing).
      • Coring (extracción de muestras del subsuelo).

América, en desmedro de comunidades que actualmente habitan «sobre» dichos «reservorios», sigue siendo permanentemente descubierta, sondeada y subastada.

 

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